Si ya has leído cuánto cuesta una página web, la respuesta corta es esta: una tienda online cuesta más que una web sin pasarela de pago. Siempre. Y no es capricho de quien la hace.
Aquí te contamos qué hay debajo de ese botón de «comprar», para que sepas exactamente qué estás pagando y puedas decidir si te compensa.
Una tienda no es una web con un botón de comprar
En una web informativa el visitante lee, se convence y te llama. Tú cierras la venta hablando con él.
En una tienda online el visitante hace la transacción entero y solo: elige, paga, espera un pedido y a veces lo devuelve. Ahí no hay nadie para arreglar un malentendido. Cada uno de esos pasos es una pieza que hay que montar, probar y dejar funcionando sin que nadie la vigile. Por eso hay más trabajo, y por eso cuesta más.
Qué hay debajo de un «comprar»
- El catálogo. Categorías, buscador, filtros, variantes de talla, color o formato, precios y ofertas.
- El stock. Qué queda, qué se agota, qué pasa cuando se acaba mientras alguien lo tiene en el carrito.
- La pasarela de pago. Alta, verificación de la empresa y pruebas reales. Tarjeta, Bizum, PayPal, pago aplazado: cada método es una configuración más.
- Los envíos. Tarifas por peso o por zona, envío gratis a partir de X, recogida en tienda, conexión con el transportista.
- Los impuestos. El IVA no es el mismo para todos los productos, ni el mismo si vendes fuera de España.
- Los correos automáticos. Pedido recibido, pago confirmado, pedido enviado, carrito abandonado. Son los que evitan que te llamen preguntando «¿ha llegado mi pedido?».
- Las devoluciones. Cómo se piden, quién paga el porte, cómo vuelve el dinero.
- Lo legal. Condiciones de venta, derecho de desistimiento y política de devoluciones. Esto va más allá del aviso legal de una web normal, y si falta te expones.
Lo que más encarece: el contenido
Aquí está la partida que casi nadie calcula bien. Cada producto es una ficha. Necesita nombre, descripción que venda y no solo describa, medidas o composición, categorías bien puestas y fotos propias.
Veinte referencias son un trabajo. Trescientas son otro proyecto distinto. Y si las variantes se multiplican —cinco tallas por cuatro colores— el catálogo crece por dentro aunque por fuera parezca el mismo.
Con las fotos pasa lo mismo que en cualquier web nuestra, solo que aquí pesa más: no trabajamos con fotos de banco. En una tienda el cliente no puede tocar el producto ni mirarlo del derecho y del revés. Lo único que tiene es tu foto. Si esa foto es genérica, no compra. Si no tienes el material, nos desplazamos, montamos la sesión y, si el producto lo pide, grabamos vídeo. Lo hacemos desde fotografía y vídeo para empresas.
Lo que hay que conectar
Una tienda no vive sola. Suele haber que enlazarla con:
- La pasarela de pago y, si vendes en tienda física, tu TPV.
- El transportista, para que las etiquetas y el seguimiento no se hagan a mano.
- Tu programa de facturación o de stock, si ya trabajas con uno.
- La medición de comercio electrónico, para saber qué se vende, desde dónde y cuánto cuesta cada venta. Sin esto no sabes si ganas dinero.
- El catálogo de Google y el de Meta, si vas a hacer publicidad de producto.
Cada conexión es trabajo técnico y se presupuesta aparte. No todas hacen falta desde el primer día, y te decimos cuáles sí.
Los gastos que siguen después
La tienda, además, tiene costes recurrentes que una web informativa no tiene:
- La comisión de la pasarela. Un porcentaje de cada venta. No lo cobra quien hace la web, lo cobra el banco o el proveedor de pago, pero sale de tu margen.
- Un alojamiento más potente. Una tienda mueve más datos y no se puede permitir ir lenta el día que lanzas una promoción.
- El mantenimiento. En una web informativa, un fallo es una molestia. En una tienda, una hora caída es dinero que no entra. Aquí el mantenimiento web deja de ser opcional.
¿Seguro que necesitas una tienda online?
Esta es la pregunta que hacemos siempre antes de presupuestar, y a veces la respuesta es que no.
Si vendes cinco cosas y las despachas tú, muchas veces sale más a cuenta un catálogo bien hecho con pedido por WhatsApp o por formulario: cuesta bastante menos y vendes igual. Si lo tuyo son servicios con cita, lo que necesitas es un sistema de reservas, no un carrito. La tienda tiene sentido cuando el volumen, la repetición o el tipo de producto la justifican.
Si no es tu caso, te lo decimos, aunque sea el presupuesto pequeño.
Cómo lo planteamos nosotros
Primero las preguntas de verdad: qué vendes, cuántas referencias tienes, cómo lo envías, quién va a subir los productos después. Con eso sobre la mesa te pasamos un presupuesto cerrado, con lo que entra y lo que no.
Puedes ver cómo trabajamos en tienda online, y dos casos reales: una tienda de producto con envío y una tienda de servicios y descargables, que se montan de forma muy distinta.
Y si aún no tienes claro por dónde empezar, pide la auditoría sin compromiso. Miramos tu negocio y te decimos si te compensa vender online o si hay algo que hacer antes.

