Es la pregunta que más nos hacen y la que peor se contesta en todo el sector. Preguntas cuánto cuesta una web y te responden depende. Que es verdad, pero como respuesta no vale nada.
Así que vamos a contarte de qué depende, que es lo único útil. El precio de una web lo deciden dos cosas: qué tipo de web necesita tu negocio y de dónde partimos. Si entiendes esas dos, sabes leer cualquier presupuesto que te pongan delante, sea el nuestro o el de otro.
Lo primero: qué tipo de web necesitas
Debajo de la palabra «web» caben cosas muy distintas. Ahí está media diferencia de precio, y por eso una tarifa de escaparate siempre le sobra o le falta a alguien.
Una landing o una one page
Una sola página, pensada para una cosa: que te llamen, que reserven, que se apunten. Es lo más rápido y lo más económico. Funciona muy bien si vendes un servicio claro, o si vas a hacer publicidad y necesitas un sitio al que mandar a la gente. Se queda corta en cuanto tu negocio tiene varias líneas que quieres posicionar en Google.
Una web corporativa
Cinco o seis páginas: quién eres, qué haces, cada servicio con la suya, tus trabajos y contacto. Es lo que le encaja a la mayoría de negocios locales, porque cada servicio con página propia es una puerta de entrada más desde Google. Más páginas es más trabajo, pero también es de lo que más renta.
Una web hecha expresamente a medida
Cuando lo que necesitas no entra en ningún molde: una estructura propia, secciones que se comportan distinto, contenido que vas a ir alimentando tú, un diseño que tiene que sostener la marca y no parecerse a nada. Aquí el precio ya no lo marca el número de páginas, lo marcan el diseño y el desarrollo.
Una tienda online
Otra liga. En cuanto hay una pasarela de pago de por medio aparecen catálogo, stock, envíos, impuestos, correos automáticos y devoluciones. Cuesta más porque hay más contenido que elaborar y más sistemas que conectar. Lo contamos aparte en cuánto cuesta una tienda online.
Lo segundo: de dónde partimos
Dos negocios que piden exactamente la misma web pueden acabar con presupuestos muy distintos. Y casi nunca es por el diseño: es por el material con el que empezamos.
Si los textos están o hay que escribirlos
Los textos son la mitad del trabajo de una web y casi nadie los tiene hechos. Si los redactas tú, ahorras. Si los escribimos nosotros pensando en lo que busca tu cliente y en cómo lo busca, cuesta más y suele vender más.
Si hay fotos o hay que ir a hacerlas
Este es el salto que menos se ve venir. No somos partidarios de las fotos de banco. Una web con imágenes reales de tu local, de tu equipo y de tu trabajo siempre gana: se nota que eres tú y el cliente de tu zona te reconoce.
Si no tienes ese material, hay que ir a hacerlo: nos desplazamos a tu negocio, hacemos la sesión de fotografía y, si el proyecto lo pide, grabamos vídeo. Es una partida aparte, y es de las que más cambian el resultado final. Puedes ver a qué nos referimos en fotografía y vídeo para empresas.
Si hay marca o hay que crearla
Si tienes logotipo, colores y tipografías definidos, se aplican y ya está. Si no los tienes, o los tienes a medias, hay que resolverlos antes de maquetar nada. Eso ya no es una web: es branding, y se presupuesta como tal.
Cuántas páginas de verdad necesitas
No es lo mismo una web que presenta un negocio que una que vende ocho servicios distintos. Cada servicio que quieras posicionar necesita su propia página, con sus textos y sus fotos.
Idiomas y conexiones con otros programas
Cada idioma es duplicar contenido, y traducirlo bien. Y conectar la web con tu programa de facturación, con tu agenda de citas o con tu CRM es trabajo técnico que también va aparte.
Los costes que casi nadie te cuenta
El precio de hacer la web no es el único dinero que va a salir. Hay tres cosas más, y conviene saberlas antes de firmar:
- El dominio. Se paga cada año. Es barato, pero tiene que estar a tu nombre. Insistimos en esto más abajo.
- El alojamiento. Donde vive la web. También anual o mensual. Un alojamiento malo hace que tu web tarde en cargar, y eso se paga en clientes perdidos.
- El mantenimiento. Una web es software: se actualiza, se rompe, hay que hacerle copias de seguridad y protegerla. O lo llevas tú, o lo lleva alguien. Nosotros incluimos un año de soporte técnico en los packs, y a partir de ahí existe el servicio de mantenimiento web.
Cuidado con la web de 200 €
Existen y funcionan, en el sentido de que se ven en internet. El problema no es el precio: es lo que no lleva dentro.
Las señales de alarma son siempre las mismas:
- Plantilla sin tocar. La misma que tienen otros cuarenta negocios, con las fotos cambiadas. Google no la penaliza, pero tu cliente nota que no es tuya.
- No eres el dueño. Este es el gordo. Si el dominio y el alojamiento están a nombre de quien te la hizo, no tienes una web: tienes una web alquilada. El día que quieras cambiar de proveedor, empiezas de cero.
- No la puedes tocar. Si para cambiar un horario o subir una foto tienes que pedir favores, la web se te queda vieja en seis meses.
- Sin nada de posicionamiento. Una web preciosa que no aparece en Google es un folleto caro.
La pregunta correcta no es cuánto cuesta, sino qué me llevo por ese dinero y de quién es lo que me llevo.
Lo que tiene que estar incluido sí o sí
Da igual lo que pagues. Si un presupuesto no incluye esto, pregunta por qué:
- Dominio y alojamiento a tu nombre, con tus accesos.
- Que se vea bien en el móvil. Ahí entra la mayoría de tu gente.
- Que cargue rápido, con las imágenes optimizadas.
- Certificado de seguridad, el candado del navegador.
- Textos legales: aviso legal, privacidad y cookies.
- Formulario que envíe de verdad y llegue a un correo tuyo.
- Medición instalada, para saber cuánta gente entra y de dónde viene.
- La base de posicionamiento: títulos, descripciones y estructura bien puestos.
¿Y el Kit Digital?
Es dinero público y está bien que exista, pero tiene condiciones que conviene leer antes. Lo contamos sin rodeos en por qué no haría la web de mi negocio con el Kit Digital.
Cuánto tarda
Una web sencilla se hace en pocas semanas. El plazo casi nunca lo marca el diseño: lo marca el material. La mayoría de los proyectos que se alargan es porque faltan los textos, las fotos o una decisión del cliente.
Si tienes claro qué vendes y a quién, vas rápido.
Cómo lo hacemos nosotros
Primero miramos tu negocio y qué necesita de verdad —a veces es menos de lo que pensabas— y después te pasamos un presupuesto cerrado, con lo que entra y lo que no. Sin sorpresas a mitad del proyecto y sin permanencias escondidas.
Puedes ver cómo trabajamos en diseño web a medida, webs que hemos hecho en proyectos, y lo que suele fallar en las webs que ya existen en los 7 fallos más comunes.
Y si quieres saber qué necesita la tuya antes de gastarte nada, pide la auditoría sin compromiso. Te decimos qué haríamos, qué no hace falta y cuánto costaría lo tuyo en concreto.

